editorial

La historia de siempre

Lo están diciendo las cifras, lo han confirmado los informes, los estudios, las asesorías, y los resultados de cada ejercicio: para evitar una crisis de mayores consecuencias para toda la empresa, Emcali tiene que resolver el problema del componente de comunicaciones y transformar su operación de tal manera que sea lo efectiva que se requiere para volver a ser el motor de la transformación de la ciudad.

Las pérdidas de más de cien mil millones de pesos por año que deja ese componente otrora motor de las finanzas de esa empresa han sido diagnosticadas con amplitud. Ellas nacen de la transformación del sector de comunicaciones que dejó en la obsolescencia lo que antes fue su gran ventaja, el tener seiscientas mil líneas unidas por cable y con una demanda sólida, nacida ante todo del crecimiento de la ciudad.

Con la llegada de los celulares y el desarrollo de la comunicación digital, la amenaza de la competencia se vio agravada por la crisis que tuvo a Emcali al borde de la desaparición, por la intervención durante once años con propósito de liquidación y por la influencia de una política clientelista nociva. A ello hay que destacar el poder de unos sindicatos y unas convenciones colectivas que aún hoy son obstáculos para la transformación que es necesaria en cualquier empresa de servicios del mundo si se quiere mantener con vida.

Pero no ha sido posible, no obstante los llamados que se han hecho por expertos, las decenas de estudios que se han contratado y los pésimos resultados administrativos, financieros y técnicos. Para dar un ejemplo, hace menos de un año la asesoría de la Universidad del Valle indicó que se debían tomar decisiones en especial en comunicaciones, donde el Gobierno Municipal reconoce la existencia de una nómina que no corresponde a lo que deben ser las prácticas sanas de la administración pública o privada y se puede calificar como ruinosa.

Ni siquiera el que en la Junta Directiva de Emcali estén dos delegados de los sindicatos ha servido para que esas organizaciones tomen conciencia del daño que causa mantener tales prebendas. Y no es un secreto que la ausencia de decisiones ha llevado a dejar solas a las administraciones municipales, mientras los problemas de corrupción e ineficiencia repercuten en la calidad de los servicios y en las tarifas que deben pagar los usuarios.

Más grave aún es que los caleños han ido perdiendo el interés por Emcali, ante la demora y la casi imposibilidad de actuar para defender a la empresa de los males que la consumen. Por ello, en comunicaciones no quedan más de doscientos mil abonados activos, no participa en el mercado de los celulares, y los servicios de internet o de televisión pierden abonados ante la pobre respuesta a sus demandas.

Esa es la realidad de Emcali, no obstante que sus finanzas parecen positivas con excepción de comunicaciones. La pregunta es cuándo se podrá proyectar la empresa hacia un futuro donde el interés por mantenerla como entidad pública y adecuada a sus mercados se anteponga a los intereses clientelistas y de las presiones sindicales que la amarran al pasado.

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