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Así se mueve el mercado laboral de Cali por la migración venezolana

Así se mueve el mercado laboral de Cali por la migración venezolana

El peluquero conversaba hace unos días con su cliente sobre los venezolanos que han llegado a la ciudad. Decía, palabras más, palabras menos, y con tijera y peine en mano, que no entendía cómo en una ciudad como Cali, “con tanta pobreza”, el gobierno permitía el ingreso de los venezolanos a puerta abierta.

– Entiendo la situación en la que están con Maduro, pero llegaron a competir con los caleños por los empleos – decía el peluquero mientras su cliente apenas asentía.

Unos minutos después un muchacho venezolano llegaba a la peluquería a entregar un almuerzo. Su nombre es Kevin. Días más tarde renunciaría al restaurante en el que trabajaba haciendo domicilios para distribuir desayunos en bicicleta, que él mismo prepara en una estufa de dos boquillas.

– Yo le compro a él porque sé que tenemos que colaborar. Prefiero que los venezolanos estén trabajando a que pidan plata y se queden en la mendicidad. Pero estoy preocupado por lo que pueda pasar con la economía – continuaba el estilista al tiempo que detallaba la barba de su cliente.

La charla condensa, de alguna manera, un sentimiento creciente en Cali. Los caleños se preguntan si acaso la migración masiva de venezolanos no ejerce una presión demasiado fuerte como para que los índices de desempleo e informalidad se disparen. Algunos ven a los venezolanos como se miraría a un contendor, un rival a vencer, y en parte por ello en los medios ya se habla de xenofobia.

Tal vez los que miran de esa manera desconocen estadísticas que afirman que, pese a la migración de los venezolanos, los indicadores de desempleo en Cali, por lo menos este año, han sido favorables.

– El desempleo ha venido bajando de manera sostenida, entonces de momento no se ve un impacto grande de la migración venezolana en ese sentido – confirmó Esteban Piedrahíta, el Presidente de la Cámara de Comercio.

La migración además, dice al teléfono Óscar Becerra, profesor de la Facultad de Economía de la Universidad de Los Andes - y experto en asuntos laborales - puede traer efectos muy positivos para la economía de Colombia.

–Hay algo que es muy importante aclarar y es que la migración per se no es mala. Van a darse ajustes en el corto plazo que tienen que ver con todas estas dinámicas de las personas que están llegando a buscar un empleo, pero si esto se aprovecha correctamente, es decir, si el gobierno genera pautas para que las personas puedan ser absorbidas en el mercado laboral, esto va a tener efectos positivos en el largo plazo.
Finalmente una forma de mantener el crecimiento de una economía es a través de la migración.

El profesor hace una pausa, como si estuviera tomando un sorbo de agua, y continúa su explicación.

–Lo que ha mostrado la evidencia de otros países es que en la medida en que el tiempo va pasando y las personas que llegaron son absorbidas por el mercado laboral y empiezan a tener mejores oportunidades, esto ayuda a que la economía crezca más. Es una fuerza laboral que va a producir más y, sobre todo, va a consumir más. Eso no se nos puede olvidar.

– ¿Pero entonces, profesor, no es cierto que la migración le arrebate el trabajo a los colombianos?

– La ciudadanía piensa que el venezolano le está quitando puestos de trabajo, pero eso, hay que aclararlo, son efectos en el corto plazo.
Cuando el migrante llega, efectivamente los primeros días está dispuesto a trabajar por cualquier peso. Pero en la medida en que las personas se van instalando, van ganando experiencia, van desarrollando redes, ese tipo de efectos se empiezan a mitigar, el mercado corrige y esto puede tener efectos positivos. Mi mensaje, reitero, es que si bien hay un temor natural en el corto plazo, simplemente es un efecto temporal y la migración va a tener repercusiones positivas, eso sí, dependiendo de cómo se maneje por parte del Gobierno, y por eso es tan importante el análisis de política pública sobre el tema.

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En el país, según Migración Colombia, hay un millón y un poco más de venezolanos radicados. Para ser exactos la cifra asciende a 1.032.016. Comenzaron a llegar en 2010, cuando la situación política y económica en Venezuela empezaba a complicarse. Ese año, por ejemplo, 5304 venezolanos se radicaron en Colombia, mientras que en 2009 apenas fueron 7.

Desde hace 8 años la estadística de migrantes ha venido aumentando de manera sostenida. En 2014, 6403 venezolanos se radicaron en Colombia, y en 2015 fueron 10.642. En 2016 el número se triplicó: 39.311 y entre 2017 y 2018 ya todo se desbordó. Mientras que en 2017 se radicaron en Colombia 184.087 venezolanos, este año van 769.726.
Los primeros que llegaron a mediados de 2010 fueron familias adineradas, que, entre otras cosas, se aseguraron de poner a salvo de expropiaciones su patrimonio. Posteriormente, poco a poco, los migrantes eran sobre todo las personas de la clase media, especialmente jóvenes con estudios universitarios y especializaciones. Entre 2017 y 2018 migraron, por lo general, las personas de menos recursos en Venezuela.

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De momento aún no hay estudios que analicen el impacto de este flujo inesperado de personas en el mercado laboral del país y tampoco de la ciudad. Jorge Humberto Peña, Coordinador de la Agencia Pública de Empleo en el Sena Regional Valle, dice que en el caso de Cali no tiene muy claro cuántos venezolanos estarían trabajando, “dado que debido a las restricciones de documentación que tiene la mayoría de ellos, no es frecuente su perfil para postularse a una vacante”.

Igualmente en la Cámara de Comercio no se han realizado investigaciones sobre la cantidad de venezolanos trabajando, como tampoco en la encuesta anual ‘Cali cómo vamos’. Apenas hay datos sueltos que permiten hacer ciertas inferencias.

Según el Ministerio del Trabajo, y de acuerdo con la cotización de seguridad social a través de la Planilla Integrada de Liquidación de Aportes – PILA, “se identifica que, a 20 de septiembre de 2018, 17.753 venezolanos cuentan con Permiso Especial de Permanencia (PEP) y se encuentran cotizando seguridad social”.

Eso no quiere decir que apenas 17 mil venezolanos estén enganchados a un empleo formal, porque la estadística no contempla a quienes tienen otro tipo de documentación distinta al Permiso Especial, y además una buena parte de los migrantes de Venezuela son colombianos que vivían allá – o hijos de colombianos –y por lo tanto tienen la nacionalidad colombiana.

Sin embargo es cierto que los venezolanos que tienen un empleo bien remunerado en Colombia – y de acuerdo a la profesión que estudiaron – son minoría.

Por lo regular pertenecen a la primera y segunda ola de migrantes, que además de llegar con sus papeles en regla, tenían una alta formación, lo que incluía el dominio de varios idiomas: docentes, ingenieros, chefs, arquitectos, administradores, abogados.

En todo caso la mayoría de los venezolanos que están en Colombia corresponden a la tercera y más reciente ola de migración. Tienen un nivel de estudios bajo, una situación de necesidad más alta, lo que los hace vulnerables.

– Estas personas están llegando a ocupar empleos en el sector informal, ya sea porque su nivel de educación no le permite acceder a empleos formales, o porque no tienen los papeles para hacerlo. Ahora, una pregunta ahí es si esos niveles de salario que están percibiendo son menores que los que recibe un colombiano en las mismas condiciones.
Aún no se ha respondido eso con claridad. Pero en principio, la mayoría de estas personas - y eso lo podemos decir porque lo hemos venido trabajando con encuestas de hogares – se han dedicado al trabajo por cuenta propia. Es decir: los migrantes montan su propio negocio, así sea vender dulces o bolívares en la calle, lo que ejerce una presión en el sector informal – continúa el profesor de la Universidad de Los Andes, Óscar Becerra.

Es lo que se observa en la calle a diario. El sector informal está absorbiendo el empleo de los migrantes venezolanos. Es un sector que por definición no cumple con la normatividad vigente ni en términos de seguridad social para los trabajadores, ni mucho menos en parafiscales, impuestos. Sin embargo, la informalidad en Colombia y en cualquier parte del mundo funciona como una enorme red de seguridad para las personas que están buscando trabajo y no lo encuentran rápidamente.

– De momento lo que hemos visto en nuestras encuestas de hogares es que los venezolanos que están en el sector informal reciben los mismos pagos y están en las mismas condiciones que los colombianos que están en ese sector. En el caso de los especialistas – ingenieros, arquitectos, docentes - tampoco podemos determinar si les están pagando en las mismas condiciones que a los colombianos. Pero nuestras primeras averiguaciones indican que los salarios no están cambiando en el caso de los migrantes profesionales, por lo menos no dramáticamente – prosigue el profesor Óscar Becerra.

Según el Ministerio de Trabajo, a la fecha no se ha sancionado a ninguna empresa que incumpla con las leyes para contratar a un empleado, pero existen 4 procesos administrativos sancionatorios en Antioquia, Sucre y Valle.

“En lo que va corrido del 2018, se han realizado 46 asistencias reactivas, que permiten saber si las empresas cumplen o no con todos los requisitos de ley. Los sectores en los que se presenta un mayor número de intervenciones relacionadas con violación a las normas laborales y en los cuales hay mano de obra extranjera, son comercio y servicios (peluquerías), construcción (albañiles) y la industria manufacturera. Hasta el momento se han reportado 20 querellas por violación a normas laborales. En ellas, los extranjeros le cuentan al inspector la problemática que tienen en la empresa donde laboran”, dice el Ministerio.

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Evidentemente los más autorizados para explicar la situación de los migrantes son los mismos venezolanos. Después de escucharlos atentamente, la conclusión es que en el mercado laboral está sucediendo un poco de todo: venezolanos informales que reciben lo que les ofrezcan, venezolanos profesionales a los que les deberían pagar mejor, venezolanos profesionales correctamente remunerados.

Un chef de un reconocido restaurante que pidió la reserva de su identidad dijo que en su medio les están pagando bien, y con la seguridad social cubierta.

– En mi caso gano cuatro salarios mínimos, lo que es acorde al empleo que estoy desarrollando. Pero conozco compatriotas a los que les pagan un día de trabajo a $10 mil. Les pagan mal y al día en negocios de comidas rápidas, sobre todo. Pero eso sucede en cualquier país cuando las personas no tienen sus papeles en regla. Al final esa persona sin documentos muestra su ansiedad por trabajar de cualquier forma y siempre hay alguien dispuesto a beneficiarse – dice el chef.

Leonela Lozano por fortuna tiene sus papeles en regla. Ingeniera civil de profesión – 27 años – desde hace unos meses trabaja en un centro comercial vendiendo planes de telefonía, Internet y televisión de un operador de comunicaciones. Cada mes cobra un salario mínimo, más las comisiones por los paquetes que logre vender, y con ello se las ha apañado para vivir en Colombia.

Como Leonela hay decenas de profesionales venezolanos desempeñando oficios distintos al que estudiaron. Abogados que hoy son meseros, arquitectos que trabajan haciendo domicilios en moto, administradores que abrieron un puesto de arepas venezolanas.
Alejandra Monsalve es ingeniera industrial e igualmente trabaja vendiendo planes de telefonía, Internet y televisión.

– En Venezuela empecé a trabajar en mi campo desde 2008 y dejé de trabajar en 2016. Cuando se fue cayendo la economía decidí migrar. Yo había salido de la empresa donde trabajaba porque la expropiaron y la agarró un militar. Se llamaba Fábrica Nacional de Cementos. En Venezuela todas las cementeras las expropiaron y formaron la Corporación Socialista de Cementos. Entonces me vine para Colombia.
Como mis padres son colombianos, me dieron la cédula y mi pasaporte. Desde hace 7 meses trabajo en ventas y no denigro de mi empleo. Todo esto que nos está pasando a los venezolanos son como pruebas que nos han hecho más humildes.

En Caracas, Alejandra tenía la calidad de vida de los profesionales debidamente remunerados. En la cementera era preparadora eléctrica y mecánica. En Colombia en cambio se siente como el universitario que tiene su primer trabajo para pagar sus estudios: empezando de cero.

– Yo al principio estaba en Bogotá sin papeles y me pagaban lo que viniera. Pero ya después de que tienes papeles no hacen eso. Tengo una amiga que tras migrar quedó en el quinto semestre de medicina. Hoy le pagan $22 mil el día en una zapatería porque no tiene documentos. La clave es regularse para, por lo menos, ganar el mínimo.

El sueño de Alejandra es fundar una empresa de innovación, pero de momento continúa vendiendo planes para el hogar, algo que nunca imaginó hacer en Venezuela. Efectivamente hay pruebas que nos hacen más humildes. Alejandra en todo caso dice estar agradecida con un empleo que además de permitirle sostenerse, le ha hecho crecer como persona. Ella jamás rechaza un volante que le entreguen en la calle porque aquello también hace parte de su trabajo.

– La migración me ha transformado, analizo la vida desde otra perspectiva. Pero si me preguntas si hay rechazo hacia nosotros, lo hay. La gente nos señala porque dicen que les estamos quitando el empleo. Cuando me sucede eso, les recuerdo que Venezuela le abrió las puertas a los colombianos cuando más lo necesitaban. Y si no tienen trabajo es por ellos, algo deben estar haciendo mal, les digo. Pero es cierto la xenofobia hacia nosotros. Es algo cotidiano.

En la peluquería, el estilista cuenta con indignación una escena que presenció hace unos días. Un conocido suyo solicitó una cotización para pintar una casa de dos pisos. Cuando el maestro de obra le informó que el trabajo tardaría 8 días y costaría $1.000.000, dijo:
– Le doy $300.000 a un venezolano y me pinta eso.

Las cifras del empleo en Cali

La tasa de desempleo en Cali disminuyó 0,8 puntos porcentuales durante agosto-octubre de 2018 frente al mismo periodo de 2017 (al pasar de 11,9% a 11,1%). En contraste, en Medellín (+0,7 pps), Bogotá (+0,3 pps) y Barranquilla (+0,2 pps) aumentó.

La tasa de ocupación –que mide el grado de aprovechamiento de las capacidades productivas de la población en edad de trabajar- fue 59,8% en Cali durante agosto-octubre de 2018.

Entre agosto-octubre de 2017 y el mismo trimestre de 2018, se registraron 12 mil nuevos empleos en Cali; el número de ocupados ascendió a 1.246.647.

En todo caso la población ocupada como cuenta propia en Cali ascendió a 459 mil en agosto-octubre de 2018, un crecimiento anual de 2,2%.

La población ocupada en Cali creció 0,9% anual en agosto-octubre de 2018. Comercio (9,9%) y construcción (9,8%) fueron las ramas de actividad con mayor variación en la creación de puestos de trabajo. En contraste, el número de personas trabajando en actividades de transporte (-14,4%), y agropecuarias (-27,2%) disminuyó en igual periodo.

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